domingo, 29 de abril de 2007
Cadáveres pulgosos Д
Después de tres días asfixiantes, acabó el martirio de esa agonía…el leve sueño, la imperceptible visita de Morfeo a su cuarto ayudó para estar ausente en el deceso. Fue a verlo. Estaba tranquilo. Por fin se veía en paz. Y sobre todo, ya no sufría. Se quedó vigilando su cuerpo toda la noche. En la mañana, cuando salió duchada y vestida, estaba listo el foso que recibiría su cuerpo. Lo acarició por última vez. Lo dejaron en el foso y de pronto, de entre su pelaje blanco, se asomaron unos puntos negros “mira, son las pulgas que nunca pudiste sacarle” observó a su madre “como huyen del cuerpo porque ya murió” recordó las interminables luchas con su gato por esas malditas pulgas. Tomó la cal y la echó encima “las desgraciadas llegaron con él, se van con él” y cubriendo todo con cal y tierra, la tumba quedó terminada. Su madre suspiró y la miró “cadáveres pulgosos…como los de todos…” y sin esperar respuesta de su madre, entró a casa.
Mírate las manos ђ
Se miró las manos. Sabía que todo se había salido de control. Pero las cosas estaban destinadas a ser así. Era un hermoso cielo. Claro, límpido, sutil…pero no podría tocarlo…en mucho tiempo se le negaría aquel cielo, porque no estaba preparada para recibir aquel inmenso regalo…su cielo…era de ella, lo sabía…pero no era tiempo de poseerlo…se volvió a mirar las manos…llenas de líneas y venas…piel gastada y suave…blanca, como nieve…garras en vez de uñas…sonrió y una lágrima cayó en su palma. Lo comprendía. No podía tocar su cielo porque no era el momento “mírate las manos” sacudió la cabeza bajo la lluvia “ya las miré” observó el pequeño muñeco de goma que llevaba siempre en los bolsillos y que ahora tenía en el bolsillo del abrigo “¡¡mírate las manos!!” sonrió en silencio y siguió caminando, apretando el pequeño muñeco, que cabía en su palma “vete al diablo” todo había sucedido tan rápido…todavía se mareaba con haber visto aquel límpido cielo pero no poseerlo, sabiendo que era suyo “allá te espero…en el infierno” sonrió con el pasado y levantó la vista. Una gota de lluvia cayó en su ojo y lo limpió del humo del cigarrillo “no vale la pena llorar tanto” pensaba que el cielo estaba demasiado negro…pero le gustaba la lluvia, era relajante “¡¡qué lagrimas, si ni siquiera es capaz de llorar!!” suspiró de agotamiento y vio unos focos de autobús. Apagó el cigarro y subiendo, miró para atrás. Vio su pasado, su lejanía, su grotesca función, de la cual ya no era parte. Y después de tanto recuerdo, sonrió “mírate las manos” se miró las manos mientras se sentaba “estás libre…ya no eres una bestia…tus manos están limpias” sonrió al pensar en su cielo “aún no…quiero compartirte, así que aún no…” colocó los audífonos en sus oídos, y cerrando los ojos, se preparó para el largo viaje…
Marinero, marino…navegante infinito…џ
Sobre el océano imperceptible de la realidad, navega aquel hombre de cabellos blancos…la vida ya no pasa por su piel, pues ha olvidado respirar…ni siquiera él sabe como pudo olvidarlo…ahora navega entre las personas, intentando olerlas…pero sus pulmones no se hinchan…lo único que sabe es porqué sigue navegando en este mundo material siendo él solo esencia…a lo lejos ve…por esa persona se queda navegando…y navegará junto a ella hasta que sea ella quien tome el timón de este barco…la ve acercarse…su sangre…su continuidad en ese mundo…ve los mismos ojos que él…”¿pasa algo?”…la joven sonríe mientras intenta acariciar el rostro del anciano, pero solo ve aire y nada…”no, solo fue un presentimiento” la vio alejarse mientras sonreía…sabía que ella no lo veía, pero era imposible que dejaran de sentirse…sus corazones estaban unidos desde el principio de los siglos…siguió navegando…tampoco dejaría que su viaje solo se centrara en ella…en su pequeña…que ya era una mujer…
Matrimonio con La Vida б
Una canción se escucha a todo volumen de ningún lugar…y el Silencio me grita con su voz sangrienta que mi tiempo acabó. Es hora de casarme. Casarme con La Vida, como juré hace algún tiempo. Pero que sorpresa me he encontrado…Vida mía, estás casada ya con tantos hombres y mujeres…no te comparto con nadie…se mi amante, que mi mujer es La Muerte desde que nací…y no la dejaré por ti…me engañaste, Vida…pero yo también te engañé…salgamos juntos y engañemos a todos…se mi amante, que no me aferro a ti como otros…se mi amante, que nací casado con La Muerte.
Tras los anteojos ¤¤
En silencio miré sus ojos, ocultos tras aquellos cristales de aire…se veía tan extraña con esos lentes…con anteojos…han pasado tantos años…incluso utiliza anteojos para leer…como nos alcanzó la mano del inconfundible y omnipresente Tiempo…ya no somos los mismos…pero tras esos lentes, además de ver dolor, sufrimiento, vida, alegría…veo esa luz que te caracterizo desde niña…no somos los mismos de siempre…pero hay cosas que no cambian “ya sabes, soy recíproca”…¿cómo olvidar todos los momentos juntos? Era una tarea casi imposible “siempre fuiste así” la misma sonrisa…ahora más maltratada, un poco más cansada, pero con el mismo encanto infantil “hay cosas que no cambian” y tu voz…los cigarros te la han agravado…la han arrastrado por tus labios “entiendo cosas que antes no entendía” un cigarro y otro más “retrocediste, no avanzaste” mirada cristalina, confundiéndose con el cristal de los anteojos “que entienda no significa que madure” por una vez vi tanta decisión en tu persona completa, que no rebatí nada…como han pasado los años…y esos lentes te hacen ver más vieja…¿o más niña?...no lo sé…en realidad no son los lentes…eres tú, que ya no tienes edad…
Una noche con Gabriel £
Era especial. No podía negarlo. Gabriel sabía perfectamente que quería y hacia donde iba. Sus ojos mostraban caminos que no conocía. También era un ser extraño. El amor era una debilidad para su mente. No deseaba amar de nuevo. Y tenía muy claro que si volvía a amar sería una marioneta para los demás…¿cómo no amar a Gabriel?...no dejaba que la amasen, pero eso la hacía más amable…Gabriel…que mujer más especial…tan distinta a todas, tan diferente a ella misma…incluso su nombre te confunde…Gabriel…cuando por fin abrí los ojos, Gabriel ya no estaba a mi lado…nunca lo estuvo…simplemente fue un sueño…o tal vez no, pues su inconfundible olor estaba en mi piel…y unas medias negras me mostraban su presencia en mi vida…fugaz, como ella…sería un recuerdo en mi realidad…como en la mente de todos los hombres…Gabriel no era de nadie…y jamás lo sería…pues no se tenía ni a ella misma…
Perfecto π
Muchas veces busqué un ser que no existía. Lo encontré, no lo dudo. Sé que encontré a ese ente volátil y trovador. Y pensé que eso era lo único que deseaba en esta vida. Pero simplemente buscaba a ese vagabundo porque yo soy un vagabundo. Simplemente me quería enamorar de mí mismo. No me enamoré, pero si amé. Y la vida nos alejó porque como dice la ley física fundamental…polos iguales se repelen…¿Dónde llegaríamos dos poetas fugitivos? A ningún lado…y así quedé vacío, sin otro deseo que encontrar lo que buscaba…sin saber que era aquello…pero tú…tu silencio…tu racionalidad…tu lógica elemental…eres…eres todo lo que cualquier trovador rechazaría…pero que yo quiero tener a mi lado. Ahora entiendo todo. Simplemente tenía que amarme a mí mismo para saber a quién debía buscar. Ahora si puedo decirlo. Amé a ese ser trovador por ser imperfecto e irreal. Pero a ti te amo porque eres el ser más perfecto y real que he encontrado. Ojala puedas alcanzar mi volátil mano. O yo baje a la tierra a observar tus ojos una vez más.
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