El último beso…y la partida comenzaba. Sabía que no te volvería a ver. Que después de ese beso te alejarías de mí para siempre…estarías conmigo…pero solo tu esencia, los pedazos de alma que te robé y dejé para mí…y aunque sabía que ese beso era el adiós definitivo, te lo quería dar a toda costa. En el olvido quedaban años juntos. Nuestras historias, nuestras jugarretas, todo…
Me agaché y te besé. En la mejilla. En la misma mejilla que tantas veces besé y acaricié. Miré a mi alrededor. En mis labios quedaron la textura de tu piel y a pesar de todos los años jamás se borraría de allí. Los rostros inertes, desconocidos, me observaban interesados. Especialmente porque una lágrima rodó por mi rostro hasta estacionarse en mi boca. Sequé el surco con la manga de mi chaleco y te volví a mirar. Miré a los que esperaban despedirse de ti. Y por primera vez fui egoísta contigo. No quería dejarte ir. No quería que nadie te tocara. Pero me alejé con pasos lentos para que otros te besaran. Toqué mis labios. Y te miré por última vez. Tu adiós me dolía. Especialmente porque jamás me dijiste adiós…sabía que era mi última oportunidad de confesarte lo que sentía por ti…de decirte que te amaba…que no podría vivir sin ti…pero aunque lo hiciera, ya sería tarde…tu partida era inminente.
Finalmente todos se despidieron de ti. Te miré como quedabas solo en medio de la habitación. Y de pronto, tu ataúd se cerró. No había marcha atrás. No volverías nunca…tu muerte era inminente…y desgraciadamente…ahora era un hecho concreto…volví a tocar mis labios…y sentí tu tibieza…como cuando estaba en mi niñez…como toda mi vida…y jamás olvidaría tu beso…porque te amo demasiado…
Y no sabes lo que me gustaría olvidarte…renegarte…fingir que jamás haz existido y no recordar mi vida contigo…pero no quiero…porque me guste o no…porque quiera enfrentarlo o no…porque aunque sea mi debilidad…te amo demasiado…te amo tanto, que soy incapaz de dejar de pensar…en ti…
Me agaché y te besé. En la mejilla. En la misma mejilla que tantas veces besé y acaricié. Miré a mi alrededor. En mis labios quedaron la textura de tu piel y a pesar de todos los años jamás se borraría de allí. Los rostros inertes, desconocidos, me observaban interesados. Especialmente porque una lágrima rodó por mi rostro hasta estacionarse en mi boca. Sequé el surco con la manga de mi chaleco y te volví a mirar. Miré a los que esperaban despedirse de ti. Y por primera vez fui egoísta contigo. No quería dejarte ir. No quería que nadie te tocara. Pero me alejé con pasos lentos para que otros te besaran. Toqué mis labios. Y te miré por última vez. Tu adiós me dolía. Especialmente porque jamás me dijiste adiós…sabía que era mi última oportunidad de confesarte lo que sentía por ti…de decirte que te amaba…que no podría vivir sin ti…pero aunque lo hiciera, ya sería tarde…tu partida era inminente.
Finalmente todos se despidieron de ti. Te miré como quedabas solo en medio de la habitación. Y de pronto, tu ataúd se cerró. No había marcha atrás. No volverías nunca…tu muerte era inminente…y desgraciadamente…ahora era un hecho concreto…volví a tocar mis labios…y sentí tu tibieza…como cuando estaba en mi niñez…como toda mi vida…y jamás olvidaría tu beso…porque te amo demasiado…
Y no sabes lo que me gustaría olvidarte…renegarte…fingir que jamás haz existido y no recordar mi vida contigo…pero no quiero…porque me guste o no…porque quiera enfrentarlo o no…porque aunque sea mi debilidad…te amo demasiado…te amo tanto, que soy incapaz de dejar de pensar…en ti…
A mi Padre…
No hay comentarios:
Publicar un comentario