domingo, 29 de abril de 2007
Media Verónica ξ
Se puso la mano en el pecho. Un lado latía ferozmente. El otro, apenas se escuchaba un latido silencioso. No entendía nada. Quería amar. Sentir que era el amor. Pero el amor huía de ella de manera explosiva y lo veía alejarse mientras su otra parte extendía la mano para tocarlo. De nada valía. La soledad en que estaba sumida ya era parte de su vida, era el aire que respiraba, era su esencia misma. La soledad siempre fue su mejor compañera. Y cuando la abandonó, lloró lágrimas de luz. Cuando volvió a ella, sonrió oscuramente. Suspiró resignada. Ya no quedaba nada. Su corazón roto, la risa falsa y la ausencia de lágrimas eran su vida completa. Dejó que se fuera. No valía la pena ilusionarse y hacer castillo en el aire. Como odiaba esa canción…
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